Un altar de Mía
Yo era escéptica a la magia.
Hasta que ella me nombró “Mía”.
Y el nombre empezó a hacer su trabajo.
A su lado había algo
para lo que mi lenguaje no alcanzaba.
Comencé a girar
alrededor de su sombra.
Desde entonces, la mirada ya no fue solo mía.
Aprendí a someterla a otras fuerzas.